Romper paradigmas: el desafío de generar nuevos conocimientos

[ARTICULO VISION UNIVERSITARIA]

Un equipo multidisciplinario de académicos modeló matemáticamente las condiciones que deben darse en una sociedad para que sus individuos, sin ser genios, rompan las normas imperantes y permitan el surgimiento de avances científicos radicales.

Por más de dos siglos la visión newtoniana del cosmos como un espacio absoluto, infinito, vacío y geométrico primó como paradigma indiscutido de la física. No obstante, bastó que Einstein irrumpiera con su teoría de la relatividad para que esta hegemonía fuese desplazada, revolucionando la forma de hacer ciencia en el mundo.

Dado que la historia de la humanidad está basada en seres excepcionales que, como Newton o Eistein, fueron capaces de romper las reglas imperantes y generar avances radicales, un equipo de académicos de la Universidad Católica investigó las condiciones para que en una sociedad, en ausencia de genios, se cambien los paradigmas vigentes y se originen nuevos conocimientos.

Gracias a fondos otorgados por la Vicerrectoría de Investigación UC, los académicos Carlos Rodríguez Sickert (Escuela de Administración), Francisco Claro (Facultad de Educación) y Diego Cosmelli (Escuela de Psicología) modelaron matemáticamente los elementos para que en una comunidad no sólo se produzca grandes transformaciones, sino también un desplazamiento de sus miembros hacia este nuevo paradigma.

Bajo este modelo, la creación de conocimiento es entendida como la búsqueda de mayor altura en un paisaje compuesto por dos montes de distinto tamaño, que representan paradigmas distintos. Ante este panorama, la pregunta es cómo los individuos ubicados en el cerro menor (el paradigma normal), cruzarán el valle para conquistar la cumbre superior y alcanzar así un nuevo conocimiento.

Según los académicos, la primera regla es que, junto con la capacidad para percatarse de que el cambio será beneficioso, los individuos incorporen la experimentación. “Si no la hubiera, nos quedaríamos en el paradigma inicial, es decir, perfeccionando las condiciones heredadas de los anteriores miembros de la comunidad. Pero si añadimos experimentación, de tiempo en tiempo, un individuo, sólo por azar, va a ser capaz de cruzar el valle y llegar al nuevo paradigma”, recalca Carlos Rodríguez.

Además de la propia experiencia, el modelo considera que los agentes se nutren de la interacción con el resto, para lo cual se requiere que existan mínimos niveles de comunicación y aprendizaje social. “Al incluir este tercer elemento, se generan dos fuerzas. La primera es una fuerza conservadora, que representa a la masa concentrada en el paradigma inicial, que trata de hacer volver al individuo a su lugar de origen. La segunda es la fuerza de los llamados pioneros, aquéllos que lograron pasar el valle y atraer a nuevos individuos hacia la cumbre mayor, haciendo masivo el cambio y la adopción del nuevo paradigma”.

A partir de esta investigación, los académicos sacan lecciones para que efectivamente en las sociedades de hoy aparezca la fuerza innovadora de los pioneros. Así lo resume Carlos Rodríguez: “Si como comunidad queremos maximizar el nivel de conocimiento, debemos ser capaces de generar los incentivos que potencien los cambios radicales y disminuyan los costos asociados a la experimentación. En términos prácticos, esto implica no castigar a quien intenta algo nuevo y fracasa”.

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